Barros

A pesar de su aspecto inocente, de colegialas a punto de tomar la primera comunión, uno no puede fiarse de ellas porque sus ojos son los de una auténtica Lolita y sus bocas una invitación a comerse la manzana.
No se trata en absoluto de una invitación al desenfreno, pero los bustos de esta artista pirenaica (vive en Lahitte-Toupière, en el departamento de los Altos Pirineos) evocan las aventuras galantes. Sus obras, figurinas de resina o de terracota, representan a jóvenes ordenadas pero atrevidas que evocan los buenos modales del siglo pasado. Lucen un escote convencional y un atuendo de internado pero sus ojos… ¡ Qué ojos ! Son « para condenarse » como hubiera dicho algún cómplice de Proust.
Véronique Clanet las llama «Pétillantes», es decir chispeantes, y es cierto que lo son. Porque, precisamente, sólo revelan su faceta mundana al primero que llega si este no se ha puesto los anteojos. Cuando se las mira bien, uno se da cuenta de que son bastante pícaras. Coquetas, sí, pero pícaras. Ellas se aplican el cuento de su abuelas que les dicen : «Haced bolillos, pintad con acuarelas, pero que no se os ocurra correr aventuras antes de tomar esposo».
Aunque, bien mirado, con los ojos que tienen, sálvese quien pueda. «Bella Marquesa, vuestros bellos ojos me hacen morir de amor».

Jacques Dupeyrat

Les Pétillantes (Terres) :

Les pétillantes Frozen (terres)

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